Bernard Haitink -con la excelente Royal Concertgebouw Orchestra- utilizó como material de trabajo para clausurar esta edición del F.I.S., la cumbre del sinfonismo romántico alemán y de la producción sinfónica de su autor, la Octava Sinfonía, mostrándonos a un Bruckner humano que acentúa los opulentos contrastes cromáticos y dinámicos, desbordante de vitalidad, y en absoluto tedioso ni monótono.La dirección de esta monumental macroestructura requiere siempre que la ejecución orquestal alcance el nivel de excelencia, hecho que en esta velada distinguió a los integrantes de la Concertgebouw, que lograron con trabajo pero pasmosa naturalidad esa rara conjunción de respiración, claridad tímbrica, articulación, empaste y gama dinámica; y con un portentoso timbalero que se izó como protagonista del gran ‘Finale’.El ‘Adagio’, piedra angular de…
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