Hasta la fecha, los melómanos occidentales creíamos como artículo de fe que la genial obra de Beethoven era universal, pero la grabación que comentamos es una suerte de lección magistral que ratifica nuestra suposición. Un intérprete chino sienta cátedra en el repertorio central beethoveniano y lo hace, ¡pásmense!, cuando apenas cuenta con veinticuatro años, y menos de diez después de que haya accedido por primera vez a aquél. Cuarenta años después de la Revolución Cultural, que a punto estuvo de arrasar todo vestigio chino de acercamiento a la cultura occidental, la inefable fuerza de la globalización cultural se ha impuesto. Si Mao levantara la cabeza se volvería rápidamente a la tumba. Beethoven ya habló japonés a partir de los sesenta del pasado siglo, pero los poco más de cien millones de habitantes del Imperio del Sol Naciente no…
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