Siempre que Wernicke nos ofrece una obra ya sabemos que aunque pertenece al autor está pasada por su cedazo personalísimo, afectando tanto la forma como el fondo pero sin astillar la intención básica. En esta ocasión ha suprimido algunos recitativos y arias y añadido otras procedentes de sus óperas Rinaldo, Orlando y Tolomeo. Costumbre esta, por otra parte, utilizada ya en época del compositor.El espacio, lleno de alegorías, en el cual transcurre la acción es sobre una base fiel reproducción de la piedra Rosetta (que permitió al egiptólogo francés Champollion en 1822 descifrar los primeros jeroglíficos). Nexo de unión por el cual occidente es capaz de adentrarse en el mundo mágico de Egipto, y, si no descifrar todos los enigmas, sí intentar comprender lo que llegó a ser ese cultivado y avanzado Imperio.Encima, un espejo de igual forma…
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