Dos noches y dos programas rusos -si exceptuamos el Mendelssohn que sustituyó a la inicialmente programada ‘Patética’ de Chaikovski del segundo día- sirvieron para que Yuri Temirkanov y su Orquesta Filarmónica de San Petersburgo agradaran y asombraran al público del festival santanderino. En muchos momentos de ambos conciertos consiguió el director ruso transmitir al máximo sus mejores cualidades: la permanente claridad de las texturas tímbricas, la vitalidad rítmica y la riqueza dinámica sostenidas con asombrosa naturalidad, y el sentido dramático siempre presente, nunca enfático, en su exposición de las obras.En Petruchka destacó Temirkanov por la maestría con la que movió la alternancia expresiva de los cuatro cuadros que componen la suite, de los pasajes más pujantes a los más danzantes, con excelentes intervenciones del pianista,…
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