La segunda jornada con la orquesta petersburguesa comenzó con el preceptivo, respetuoso y emocionado minuto de silencio por la tragedia aérea de Madrid. Fuera de programa, la orquesta interpretó como condolencia una breve y sentida pieza de Elgar.El concierto en sí se inició con la inhabitual Obertura de La leyenda de la ciudad invisible de Kitezh, en la que Rimski describe un bosque mágico mediante llamativos efectos sonoros, cantos de aves, y ritmos y melodías de carácter popular ruso.La obra que cerraba la primera parte del programa corrió a cargo del joven violinista húngaro Kristóf Baráti, quien propuso una buena versión del popular Concierto para violín Op.64 de Mendelssohn. Ciertamente su lectura fue muy correcta, y el acompañamiento de Temirkanov atentísimo, con una gran respuesta de la orquesta, siendo Baráti capaz de un fraseo…
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