Siempre resulta atractivo conocer a otro representante de esa importante camada de artistas del teclado que -afortunadamente- abundan en nuestro medio. Ahora le tocó el turno a Alexander Panizza, un joven intérprete argentino -pese a que nació en Toronto, Canadá, en 1973- al que, aunque se ha presentado en forma asidua en nuestra ciudad, todavía no había tenido la fortuna de apreciar en forma directa. Debo decir desde ya que este primer contacto me resultó altamente positivo. Encontré en Panizza a un ejecutante de importantes recursos técnicos, gran poderío sonoro a la vez que un toque profundo y con peso en cada nota -a lo que colabora la importante complexión física del artista- pero que sabe ser recatado, íntimo y musical cuando las partituras así lo exigen. Abrió el recital una extensa página de un compositor argentino contemporáneo…
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