“El año pasado hacía 28 grados”, me comentó un ciudadano local. Pero no este año. Por ello la Den Nye Opera tuvo el tino de vender unas calidas frazadas que no dudé en comprar cuando sobre las nueve de la noche y con el sol aún alto, me apresté a vivir una de esas incomparables experiencias que tanto amamos los operómanos, a saber, el primer encuentro con una ópera totalmente desconocida, y nada menos que en la gran explanada del castillo de Bergen. En mi caso, la expectativa aumentaba por ver algo impensable en mi nativa Argentina, esto es, una ópera representada con la cooperación de las fuerzas armadas, que incluso ponían su banda de música al servicio del acontecimiento. “Los militares cooperando con, y actuando en, una ópera. Sólo en Noruega”, pensé. Y también se trataba de un estreno ciudadano, porque la obra sobre Anne…
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