“¡Perfecto!”, exclamó una voz desde las alturas mientras caía lentamente el telón tras el último acorde de esta función de Simon Boccanegra. Fue el comienzo de 30 minutos de ovaciones atronadoras, con varias llamadas a saludar -tantas que reconozco haber perdido la cuenta- y todo el Teatro Real en pie, desde el patio de butacas hasta el último piso. Era la última de las tres funciones de Plácido Domingo interpretando al Dux genovés en el coliseo madrileño, y lo cierto es que fue un éxito incontestable, mucho más allá de lo mediático, en una función donde hubo varios momentos en los que uno tenía la sensación de estar asistiendo a algo verdaderamente grande, algo de otra división. El pueblo exclama en el Prólogo de esta ópera cuando Paolo les propone a Simon como candidato a Dux: “Simone ad una voce” (“¡Simón todos a una!”). Esta noche,…
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