Dentro de muy pocos días Franz Welser-Möst (Linz, 1960) tomará posesión como nuevo Director general de Música en la Ópera Estatal de Viena. La cosa no tendría mayor trascendencia si no se tratara de una de las primeras empresas públicas del país, si los medios de comunicación no escrutaran diariamente y con lupa esa casa -y sus habitantes-, y -si no voy errado- si Welser-Möst no fuera el primer austríaco en acceder al puesto desde que en 1964 Herbert von Karajan saliera de allí dando un portazo y maldiciendo en arameo. La confección del programa de esta noche, tan tremebundo y tan vienés (y tan hermoso y tan coherente), se me antoja, pues, como una suerte de conjuro de Welser-Möst ante una prensa que, vistos los precedentes, a buen seguro está afilando sus colmillos. Y el caso es que, si la eficacia del conjuro depende de los resultados…
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