Imágenes, imágenes, imágenes ..., una explosión de imágenes y de creatividad fue puesta frente a un público silencioso, atento y totalmente concentrado en la acción que estaba siendo presentada por un maestro de la escena. Jamás se había visto un Parsifal tan sobrecargado de símbolos y de significados, ni siquiera la tan discutida puesta de Schlingensief pudo competir con este thriller que pasa a través de dos siglos y dos guerras mundiales. Es una superabundancia, un exceso de Parsifal que uno no puede comerlo todo, hay que dejar algo para pensar después de la función, para digerir muy lentamente, comer un helado... Stefan Herheim es noruego, y quizás eso le de un punto de ventaja sobre los directores alemanes, porque se puede dar el lujo de tomar distancia, Parsifal ‘no pertenece’ a su tradición y puede jugar con todos los significados…
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