El emblema de Harpa, el flamante centro cultural islandés, son diapasones en círculo formando los rayos de una rueda. Nada mas apropiado para simbolizar las expectativas del primer concierto de una orquesta visitante en pos del fascinante atractivo que representa probar su trabajo con una nueva acústica.
"Una sala de conciertos es como un instrumento mas” comentó Gustavo Dudamel, luego de haber lanzado a su orquesta de Gotemburgo en una audaz confrontación con la sala Erborg del Harpa. Ya en la prueba de sonido, el venezolano advirtió desafíos que decidió enfrentar sin timidez. Dudamel comenzó el concierto con un regalo de cumpleaños que le hizo Karin Rehnqvist, la inspirada compositora sueca que tan bien sabe incorporar elementos folklóricos como médula expresiva de composiciones de consumada vena clásica“Un presente musical a alguien…
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