Escuchar los dos conciertos para piano de Brahms en una sola sesión resulta esclarecedor. Los veinte años largos que les separan se quedan en nada comparados con el recorrido creativo del compositor. Mientras en el Concierto nº 1 en Re menor, Op. 15 las ideas se amontonan hasta atropellarse -imperfección característica en las obras de autores jóvenes- el Concierto en Si bemol mayor es una obra maestra incuestionable y referencial, fruto de un Brahms acabado de hacer, dueño de recursos sin fin e insuperable administrador de los mismos.
Hay un aspecto, no obstante, que ambas partituras comparten: la alta exigencia técnica o, si lo prefieren, la dificultad de realización. Y esto es válido tanto para el solista como para la parte orquestal. En todo aquello que afecta a la destreza, a la memoria, y a la imaginación sonora, ambos conciertos…
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