La música de Robert Schumann fue la protagonista del festival ‘Chopin y su Europa’ en una cita -la tarde del lunes veintisiete- engalanada a la antigua usanza: música de cámara para una velada de salón, el fastuoso salón dorado del Palacio Real de Varsovia. La puesta en escena -enormes espejos, estucos, columnas, estatuas, arañas de luz- recreaba aquellos conciertos privados que tenían lugar en las estancias de la corte o en las casas de la aristocracia. Resultó una contextualización efectiva. Era fácil imaginarse al pequeño Mozart en Versalles, a Beethoven en la casa del príncipe Lychnowsky, o al joven Chopin estrenando sus conciertos bajo los frescos de los inmensos salones del palacio Radziwill. Así, como en un juego de muñecas rusas, recreábamos el pasado en un palacio reconstruido a la vez que Isabelle Faust al violín y Andreas…
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