Cuando Boris Berman toca el piano escucho muchas cosas: en primer lugar, la música que interpreta, claro está, pero también lo que ha escrito sobre ella. Sí, oigo una perfecta sustanciación sonora de lo expuesto en sus libros acerca de Debussy, Scriabin o Prokofiev.
Así, en directo, constato además que es un técnico consumado -las grabaciones no siempre son fiables, suelen perfeccionarse con ‘photoshop’- esa técnica que Berman interiorizó en el Conservatorio de Moscú gracias a su profesor Lev Oborin, alumno a su vez de Konstantin Igumnov, alumno de Alexander Siloti, alumno de Liszt. La adecuación del ataque, la infalibilidad, el exquisito fraseo, el control dinámico, una articulación precisa y un sonido bello y uniforme son parte de la herencia recibida. Escucho también el afán de Berman por hacerse entender, por clarificar sus propuestas…
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