Sí, música para todos en el Auditorio Nacional para celebrar el Día de la Música: la integral sinfónica de Beethoven -y todas las sonatas para piano y buena parte de su música de cámara- con Wagner y Verdi a los postres. Una larga e intensa jornada que acabó resultando -no es extraño, dadas las circunstancias- un alegato contra la hecatombe cultural que sufrimos. Claro que hubo abucheos, silbidos y reproches ¿acaso podría no haberlos? Más que un derecho, el pataleo, si así nos tratan, es una obligación. Y no todo fueron quejas: la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española recibió la ovación más larga y entregada que yo haya presenciado en mucho tiempo, un mensaje de aliento que, en rigor, no deja de ser otra forma de pataleo. En realidad, si lo pensamos bien, es esta una actitud provechosa, incluso encomiable. Lo…
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