Quiero destacar, ante todo, que aquí no se trató de un recital rutinario. Es que se juntaron dos músicos completos, y no un violinista acompañado al piano. Todas las obras ganaron en peso gracias al inteligente juego entre los dos instrumentos que estuvieron a nivel en técnica, musicalidad y expresividad. Y esto no sucede todos los días. Para mí, este dúo Csaba/Gulyas será inolvidable. Empezaron con la conocida Sonatina op 100, de Dvorák. Esto es una pieza que prácticamente todo alumno de violín tiene que tocar, porque es técnicamente accesible. Pero oírla tocada por un dúo magistral no sucede todos los días. Por ejemplo, en el primer movimiento Allegro oír al piano reproducir las notas que acaba de tocar el violín, destacándolas, y de diferentes maneras en la repetición de la exposición, requiere de mucha sabiduría. El resultado fue…
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