La sala Garnier es un sueño para cualquier espectador o artista. De dimensiones reducidas, en una de las alas del fantástico edificio que alberga el Casino del diminuto principado de Mónaco, tiene una acústica sensacional.La reposición del cada vez más raro y siempre difícil título verdiano había concitado la atención de público y especialistas. El resultado fue bueno, pero pudo ser mejor. La producción, debida al siempre inquieto director Grinda, en coproducción con su anterior casa, la Ópera de Lieja, fue absolutamente tradicional, de vestuario fastuoso, un inmenso espejo que ampliaba el escenario y causaba los efectos buscados en la platea, con lo que la historia del drama de Hugo se siguió perfectamente y los cantantes estuvieron cómodos para cantar. La pena es que en un drama ya de por sí sombrío ni siquiera los momentos de ‘tregua’…
Comentarios