La distancia entre el calor y el frío a veces es menor de lo que parece. En esta ocasión, bastaron veinticuatro horas para que todo cambiase en la Ópera de Oviedo. Si el supuesto reparto alternativo -que ya comenté anteriormente en estas mismas páginas [leer reseña]- de Madama Butterfly consiguió un triunfo importante a función única, de poco sirvieron las cuatro funciones del llamado “reparto titular”, con nombres supuestamente de mayor relumbrón. Algo no funcionó, y el resultado final fue mucho más frío, a pesar de tener más nombres de primera fila, más funciones y los precios de las entradas a más del doble de precio. Parte de esto es la magia de la ópera: que uno nunca sabe lo que puede pasar, y que algo que parezca atractivo sobre el papel puede no serlo tanto sobre las tablas a la hora de la verdad. Mucho de esto hubo en este…
Comentarios