La pensión de las pulgas, sita en la concurrida calle de las Huertas, no es un espacio escénico corriente y está en las antípodas del coliseo de ópera estándar. Se trata, ni más ni menos, de un apartamento habilitado para representaciones teatrales: la más grade de sus habitaciones se transforma en escenario y las demás estancias funcionan como guardarropa, camerinos, recepción... En ese espacio escénico, probablemente más pequeño que el salón de muchos de nuestros lectores, los gestores de La pensión de las pulgas proponen espectáculos que llevan al extremo la idea de “teatro de proximidad". En este caso no es que estemos cerca de los actores, es que podríamos tocarlos con solo estirar un brazo. El público, que no puede exceder de unas 25 personas sentadas en el perímetro de la sala, tienen acceso a observar, con un nivel de detalle…
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