Cada día se hace menos frecuente asistir a un recital dedicado a los grandes clásicos. Y es que la tendencia, en Estados Unidos por lo menos, se inclina hacia la difusión de la música contemporánea. Para el joven intérprete se hace aún más difícil sobrevivir con un repertorio tradicional y parece que cada vez interesa menos escuchar a Schubert o a Beethoven sin buscarles un significado adicional, extraordinario, o yuxtaponerlos con obras de compositores vivientes. Pero la buena noticia es que los grandes músicos tienen el privilegio de no preocuparse por la receptividad de la crítica, no les interesa impresionar a nadie y simplemente disfrutan de las obras maestras a lo máximo.
Y eso es lo que precisamente ocurrió a una hora poco habitual de las cuatro de la tarde el primer día de mayo en Washington. Murray Perahia ofreció un recital…
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