Si a Ud., amigo lector, lo invitan a una cena de gala y tras un primer plato le sirven un aperitivo, un postre, luego un segundo plato, otro aperitivo, más tarde un suculento pescado precedido por un flan y así toda la noche, de seguro pensará que el menú no fue ideado, precisamente, por un ganador del concurso Master Chef. Algo muy similar sucedió con esta presentación de la diva americana, una inconexa ensalada de obras sin concierto, si se me permite esta polisemia.
Ya sé que es habitual que, en un recital lírico de este tipo, el artista de turno piense “aquí me planto y canto lo que me venga en gana” y se permitan muchas libertades, pero todo tiene un límite, sobre todo cuando el programa parecía, en buena parte, un larga sucesión de esas páginas breves que se suelen interpretar como extra/propina/encore/zugabe o lo que en Argentina…
Comentarios