Dentro de su sección “Marcos históricos”, el Festival Internacional de Santander nos invitaba en esta ocasión a acercarnos a los Jardines del Marqués de Albaicín, en la localidad costera de Noja, para disfrutar de una velada musical desenfadada y desde luego no apta para puristas y amantes del rigor historicista.
Aquí, el todoterreno Andreas Prittwitz sugería al público asistente a dejarse llevar, según él, por los a priori poco casables universos barroco y flamenco. Y como suele suceder casi siempre en estos casos, los momentos más logrados vinieron de la mano de las folías, jácaras y fandangos – particularmente de Sanz y Soler – cuyo intrínseco carácter improvisatorio (casi hipnótico en el caso de las folías) va como anillo al dedo a este tipo de conciertos-fiestas, dicho sea en el mejor sentido de la expresión. De hecho, el público…
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