A mediados del siglo XIX, apenas dos décadas después de la invención del daguerrotipo, París era un hervidero de fotógrafos. Se contaban más de cuarenta estudios en activo, que otros veinte años después se habían convertido en varios centenares. El boulevard des Capucines acogía varios estudios, entre ellos los de Pierre-Louis Pierson (maravilloso su retrato de la condesa de Castiglione, su musa y protectora), Gustave Le Gray (creador del procedimiento fotográfico del colodión húmedo) o el famoso retratista Nadar, autor del retrato objeto principal de este texto. Curiosamente, el Salon Indien du Grand Café del mismo bulevar acogería a finales de siglo las primeras proyecciones cinematográficas de pago de los hermanos Lumière. Muchos fotógrafos rivalizaban por retratar a las principales personalidades de la época, entre las que se…
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