Un atípico programa con un marcado desbalance en la duración de sus partes (la segunda casi dobló en extensión a la primera) y dos páginas concertantes involucrando a diferentes solistas, dúo de pianos una, violonchelo la otra; enlazándolo todo el hecho de ser música francesa escrita a lo largo del siglo XX. Un programa signado además por una circunstancia al menos singular: que una figura con la vasta trayectoria de Jean-Philippe Collard haya realizado este largo traslado intercontinental nada más que para tocar la parte de segundo piano en la corta partitura de Poulenc es algo que escapa un poco a mi entendimiento.
Si la partitura de Poulenc no destaca por su longitud, su brevedad se acentuó aún por el frenético ritmo que le imprimieron los solistas, en especial en los movimientos extremos; el Larghetto central -una romanza de netos…
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