Si Benjamin Britten generó en 1945 con Peter Grimes un verdadero resurgimiento de la ópera escrita en el Reino Unido tras un eclipse de casi trescientos años, se puede suponer, sin temor a equivocarse demasiado, que este título de otro Benjamin, en este caso el compositor George Benjamin, está provocando, desde su estreno en 2012, la consolidación de esa suerte de renacimiento de la creación lírica de autor británico en la estima del resto del mundo; se trata, sin duda, de una de las piezas escénicas más importantes surgidas allí desde los últimos grandes trabajos de Lord Britten de Aldeburgh, completados casi medio siglo atrás.
Arriesgada apuesta de la nueva conducción del Teatro Argentino el estreno sudamericano de esta reciente ópera, muy poco o nada conocida por lo que llamaríamos gran público, ese que puede llenar salas de las…
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