Aunque parezca una soberana redundancia, hay que recordar que un dúo de pianos es muchísimo más que dos pianistas tocando juntos; el verdadero dúo consiste en la integración artística de sus miembros, lo que habitualmente se consigue con trabajo asiduo, habilidad para disimular las obvias diferencias de toque, intensidad y dinámica de cada uno de sus integrantes y unicidad de criterios.
Por ello resultó altamente gratificante el excelente nivel alcanzado por este dúo, que mostró un acople cercano a la perfección, notable ajuste en ataques, resoluciones, fraseo y juego contrapuntístico así como una concepción general de las obras muy avezada y atractiva. A lo que habría que añadir la gran ductilidad que les permitió afrontar con idéntica eficacia tres partituras de muy diferente postura estética.
Comentarios