El evento más importante del sábado en Eclat convocó dos formatos en un único concierto. Por una parte se estrenaron tres obras corales –una de ellas con la adición de dos percusionistas. Por otra parte, Nicolas Hodges ofreció una primera lectura de los nuevos estudios para piano de dos compositores. Ambos formatos se alternaban, lo que proporcionaba una interesante variedad desde la escucha, pero su distribución logística fue poco convincente. En efecto, cada vez que se ausentaba el coro, el equipo técnico de la sala ubicaba el piano en el centro del escenario, para volver a apartarlo de cara a la subsiguiente obra. La necesidad de cuatro prolongadas pausas restaron así una cierta tensión al espectáculo, una situación innecesaria si se hubiese planteado una distribución escénica un poco más original desde el inicio.
Respecto de las obras…
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