Desde hace varios años, disfruto de un abono de los llamados “de proximidad” de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, excelente iniciativa de la orquesta de una comunidad autónoma muy extensa. Y debo reconocer que no suelo encajar bien la noticia de que la primera vez que voy a escuchar a un pianista muy virtuoso (y quién sabe si la última), se anuncie que éste va a tocar un concierto de Mozart, compositor que me gustaría escuchar a “especialistas” como Daniel Barenboim, Maria João Pires o Christian Zacharias. Alguna vez se han visto confirmados mis presagios, como cuando vi en tales lides a un Nikolai Luganski a quien no me importaría haber escuchado tocar Prokofiev, por ejemplo, en vez de la música del salzburgués.
He de reconocer que, en el caso de Fazil Say, me equivoqué del todo cuando volví a ser presa de esos prejuicios. Say…
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