Esta ‘mise en space’ funciona casi mejor que una puesta en escena, aunque no deja de ser una de esas versiones de concierto donde todos entran y salen e interactúan, y a la que dan su toque cuatro actores, dos que tienen a su cargo los roles hablados de Leonato, padre de Héro, y es el actor de la Comédie Française Didier Sandre (un tanto pomposo, a decir verdad), y Frédéric Merlo en el papel del sacerdote, más dos jóvenes que a veces, pero no siempre, hacen de doble de los protagonistas en algunos diálogos (Fitzgerald Berthon y Julie Duchaussoy). Y la obra es una pequeña maravilla, como siempre ha sido. Aunque se haya tratado de una única función, dio gusto ver el Palais Garnier lleno. Tal vez, finalmente, Berlioz empiece a ser considerado en lo que vale en una ciudad que nunca lo entendió del todo. Su amor por Shakespeare, incluso en…
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