Una excelente demostración de sus virtudes y solidez ofreció el conjunto alemán, que actuaba por cuarta vez en los ciclos musicales que, a lo largo de 65 años, viene desarrollando esa entidad señera de nuestro medio como es el Mozarteum Argentino. Afinación intachable, una sonoridad limpia y clara, ponderable ajuste (tanto en los aspectos técnicos -con señalada precisión de ataques y cortes- como en la faz artística, con uniformidad de fraseo, intenciones y matices) así como gran destreza mecánica (donde solo hubo para empañar muy levemente una labor magnífica algunas, pareciera que inevitables, pifias de las trompas), fueron parte de los méritos que exhibió la agrupación, que por otro lado mostró una envidiable enjundia musical. Se pudo apreciar así una acabada interpretación de la Sinfonía nº 33 de Mozart, plena de detalles deliciosos…
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