Tras unas semanas complicadas personalmente, llegué a San Petersburgo y mi primera visita al Mariinski fue una representación de Tannhauser -en la versión de Dresde- dirigida por Valeri Gergiev. Y nada más empezar la obertura recordé una poesía de Pushkin que había estudiado hace ya muchísimos años, que cuenta como cuando para él ya ha desaparecido la búsqueda del amor, de la gloria, del dinero que le movían en su juventud, mantiene todavía un ansia, algo que le dará la "felicidad plena". Para Pushkin era la libertad de Rusia, yo a veces lo encuentro en la música. Y ese comienzo de Tannhauser fue un momento de felicidad plena. Acaso no soy objetiva y simplemente necesitaba escuchar buena música y por eso Gergiev me emocionó tanto, pero así fue.
La sala de conciertos del Mariinski tiene un sonido excepcional y con los años se está…
Comentarios