Desde luego, la pandemia está fomentando y exigiendo la adaptación de los numerosos agentes sociales que concurren en un espectáculo cultural como es una ópera. Estamos haciendo verdaderos esfuerzos hercúleos para sustentar la necesaria, vital y de primera necesidad (atención, políticos, por favor) vida cultural, y no siempre con muchos apoyos (y, en muchos, sin apoyo alguno). La versión ofrecida por Manon Lescaut en el Baluarte navarro fue la imagen de todo este panorama y la causa principal de sus claroscuros.
Una ópera como Manon Lescaut de Puccini, pensada para una puesta en escena potente y necesaria para el buen funcionamiento dramatúrgico es complejísima de adaptar a otros formatos y la bienintencionada propuesta de la directora de escena, Susana Gómez, no funcionó. Fue una versión en formato semiescenificado en la cual, orquesta y…
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