Opinión

Post Bosé

Nuria Delgada
Miguel Bosé junto a sus hijos en Disneyland Miguel Bosé junto a sus hijos en Disneyland © 2017 by Instagram@miguelbose

Me voy a comer un Bosé. En serio. Abro la nevera y me como un Bosé. Tengo de todos los sabores pero solo me quedan de fresa (el menos que me gusta). Aún así saco un Bosé de la nevera y me lo como. Suelo ponerle leche condensada a los Bosé en las noches cuarentenales de maría, risas demenciales, y escritura mermada. Me lo pide mucho el cuerpo. 

La nevera se convierte en un manjar de Bosés y rinde a pleno pulmón las 24 horas. Siempre hay un Bosé para todo. Podemos hacer croquetas negacionistas (aprovechando que el otro día fue el día de la croqueta) como ensaladilla de vientres de alquiler solidarias. Estas me vuelven loca. No les falta de nada, la más que me gusta es la ensaladilla precaria, es la clásica. Tanto es así que el último grito boseteístico es shushi compuesto por feto de mujer alquilada. 

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