Escuché por primera vez a Martin Grubinger en el Beethovenfest de 2006, en un largo concierto nocturno que terminó bien entrada la madrugada. Salí del concierto vivamente impresionado y a la mañana siguiente desperté con el convencimiento de que haber asistido al debut internacional de un artista extraordinario. Desde entonces he tenido la fortuna de escucharlo en el Auditorio Miguel Delibes de Valladolid y en la Alte Oper de Frankfurt, entre otros auditorio europeos, incrementándose en cada ocasión mi admiración por Martin Grubinger. Su inteligencia musical, su lucidez, su sensibilidad, su pragmatismo y su empatía son virtudes que ratificó en su concierto de presentación en Galicia.
Grubinger planifica al milímetro la disposición de los instrumentos, lo cual incluye ideas tan ingeniosas como el diseño de una alargadera entre el pedal y…
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