Parece haber unanimidad con respecto a la condición de Nadia Boulanger (París, 1887-1979) como la profesora de composición más importante de la historia. Esta consideración se fundamenta en la asombrosa cantidad de creadores excepcionales que se formaron con ella, así como de la no menos asombrosa variedad y diversidad de sus talentos y de sus obras. Que esta variedad y riqueza sea el fruto de su labor docente prueba su enorme competencia, pero no alcanza a explicar su excepcionalidad, que a mi entender reside no tanto en la enormidad de sus conocimientos como en su empatía, que le sirvió para guiar a sus discípulos por el camino más adecuado a su propia idiosincrasia, al margen de cualquier otra consideración estética, técnica o profesional.
Sólo así se pueden comprender los casos de Astor Piazzolla, Quincy Jones, Aaron Copland o Philip…
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