En el estudio cinematográfico Domenico
la Forza, un operario fanático de esas estrellas a las cuales nunca pudo
aproximarse demasiado cerca, conforta su soledad mirándolas en pantalla con la
ayuda de un proyector, y … ¡allí están!: Cecilia Bartoli, como la reina de los
piratas o Juana de Arco, Edgardo Rocha como El Zorro, y muchos otros más. De
repente, ¡milagro! ¡Todos ellos
saltan de la pantalla para interpretar El
Barbero de Sevilla!
Y el operario, un pariente dramático de la inolvidable Cecilia de La rosa púrpura del Cairo, alcanza a
interactuar entre ellos ayudándolos con bastidores y utensilios (espadas,
disfraces, etc.). Cuando reflexionan sin dialogar entre ellos, los personajes
le cuentan sus penas o intrigas al operario, un aprendiz de brujo a quien las
cosas terminan escapándosele de las manos al final del primer acto. Tal es…
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