Hay quien considera que la Filarmónica de Viena es un museo de la música, encargado de conservar las esencias del canon centroeuropeo. Quien así piensa tiene su parte de razón. Aunque si en este verano han puesto en atriles la Sinfonía Turangalȋla, está claro que no se debe únicamente a la voluntad de Esa-Pekka Salonen; de hecho, leo en el programa de mano que fue la propia Filarmónica de Viena quien trajo por primera vez esta obra al Festival de Lucerna en el año 2000, con Zubin Mehta a la batuta. En todo caso, pude observar a lo largo del concierto muchas caras de satisfacción entre unos músicos que habitualmente se muestran hieráticos.
En 2008 escuché aquí mismo mi primera Turangalȋla con Mariss Jansons y la Orquesta del Concertgebouw. Escuché y vi, porque esta obra además de escucharla es necesario verla (y a ser posible en una sala…
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