Tras siete años volvió el testamento lírico de Donizetti al Liceu. La primera pregunta que uno se hace es por qué si entonces se usó por primera vez una puesta en escena buena, si no extraordinaria, de Laurent Pelly, ahora se prefirió estrenar una de Michieletto que ya ha pasado, también, por otros escenarios.
Además, no es mejor. No se contará nunca, creo, entre los aciertos del polémico director de escena italiano. Se observan más sus tics que sus buenos momentos (tal vez, aparte de algún efecto cómico afortunado, sea la crueldad del final lo que destaca: el protagonista es enviado a un geriátrico contra su voluntad. Seguramente no se trata de una ópera sólo ‘cómica’ y mucho menos ‘ingenua’, pero no me parece tan amarga. Hasta ahora nadie ha pensado en la situación personal del compositor y hacer de Pasquale da Corneto su ‘alter ego’…
Comentarios