España - Madrid

El aticismo de Renaud Capuçon

Pelayo Jardón
Renaud Capuçon
Renaud Capuçon © Simon Fowler / renaudcapucon.com
Madrid, martes, 27 de septiembre de 2022.
Auditorio Nacional de Música. Renaud Capuçon, violín. Guillaume Bellom, piano. Programa: Johannes Brahms (1833-1897): Sonata para violín y piano n.º 1 en sol mayor, op. 78 (1878-79); Sonata para violín y piano n.º 2 en la mayor op. 100 (1886); y Sonata para violín y piano n.º 3, op. 108 (1886-88)

Habría sido un crimen de lesa música dejar de escuchar -pudiendo hacerlo- a Renaud Capuçon en su versión de las tres Sonatas para violín de Brahms. Frente a aquellos conciertos perfectamente prescindibles, hay otros -por lo común rara vez a nuestro alcance- que dejan un poso indeleble en la memoria.

Prodigiosamente prolífico, sorprendentemente versátil, Renaud Capuçon es una de las luminarias del panorama internacional, un intérprete en la cúspide de su carrera. Tan impecablemente se mide con Bartók como con Vivaldi. Cabría, empero, afirmar que, si en un ámbito resulta imbatible es en el romanticismo francés, y especialmente en lo que atañe a autores como Saint-Saëns o Franck. ¿No es cierto acaso que tanto uno como otro están emparentados colateralmente con Brahms, pues los tres son, con diversos matices, herederos de Schumann?

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