La historia de la música debe mucho a personajes que
no son compositores ni libretistas pero que, sin embargo, han determinado el
progreso del arte. ¿Cómo no recordar a Domenico Barbaia, primero camarero de un
bar y después empresario? En ambas ocupaciones fue genial: se dice que en el
café, entre una bandeja y otra, habría inventado el cappuccino. Lo seguro es
que llegó a controlar las decisiones artísticas de importantes teatros y tal
función determinó fundamentales decisiones musicales de Rossini, Donizetti y
Bellini.
Análogamente es gracias a Giulio Ricordi que debemos
la existencia de un objeto fundamental en la historia de la lírica: el Simon Boccanegra, que en su segunda
versión subió a la escena de la Scala en marzo de 1881. Si hoy gozamos de esa
joya, lo debemos a la tenaz insistencia de Ricordi sobre el reluctante Verdi,…
Comentarios
Excelente título para una excelente crítica
Felicidades. Sólo la he escuchado en Londres hace tiempo, en versión digna pero no maravillosa, y mi impresión fue la misma.