Hasta no hace mucho tiempo atrás, el Concierto
para violín de Antonín Dvořák se tocaba poco. Recuerdo que en 1965 el sello
Deutsche Grammophon sacaba un LP con Édith Peinemann que
permitiría a muchos melómanos europeos de aquel entonces, digamos,
''descubrir'' la obra. Encargada por el gran virtuoso Josef Joaquim, la pieza
tuvo una génesis difícil, ya que el violinista consideraba insatisfactoria la
parte solista, en un primer borrador de 1879, y obligaría al compositor a
rehacer su partitura de principio a fin.
Más tarde tampoco quedaría satisfecho con su
revisión, pues consideraba que el concierto no estaba lo suficientemente
desarrollado como para ser presentado al público. Por lo tanto, no realizó la
primera representación, dejando esta tarea a uno de sus colegas en 1883.
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