Esto es un viaje al Madrid de 1744, donde un rey misántropo busca en la música el consuelo frente a la melancolía; donde una reina avasalladora impone la dictadura estética del italianismo; donde un ambicioso eunuco que canta como los ángeles es el niño mimado de la corte; y donde, en fin, cualquier ocasión, como la boda de una infanta con su primo de Versalles, es buena para montar una ópera ambientada en los remotos tiempos de las diosas del Olimpo y de los héroes de la Ilíada.
Tomando como telón de fondo las Grecias y las Romas —que diría Ruben Darío—, Corselli era el proveedor habitual de la corte para esta clase de producciones basadas en una sucesión de enredos y equívocos de sello inequívocamente rococó. Alejandro en la India, Farnace, La clemencia de Tito son otras de sus creaciones, cuyos títulos, situándonos grosso modo en el…
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