El
Teatro de Cagliari sigue con su magnífica costumbre de comenzar sus temporadas
ofreciendo un título raro cuando no olvidado dentro de la literatura
operística, y últimamente de autores italianos del período correspondiente a
principios del siglo XX.
Ha sido
de nuevo el caso en esta ocasión con la última creación para el teatro de
Cilea, un autor nada pródigo, para nada emparentado con el ‘verismo’ en el que
se lo suele incluir, y que al parecer creía mucho en esta obra, y parece
haberla preferido a sus otras creaciones escénicas hasta tal punto que un
cuarto de siglo luego de su estreno no demasiado feliz (con un cuarteto de
solistas privilegiados -Caruso, Krusceniski, Amato y De Angelis- y la dirección
de Toscanini) la revisó, incluso en el libreto, consiguió una versión más
reducida, pero pese a cierta circulación y a algunas…
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