En la segunda mitad del siglo XVIII, las
églogas pastoriles tan de moda en el XVI y XVII, dan paso, vía los escritos y
los gustos de Rousseau, a un amor por la Naturaleza, real o inventada. En las
moradas de financieros y aristócratas empiezan a proliferar jardines a la
inglesa, grutas, neveras, lecherías, y hasta pueblos enteros como la famosa Aldea
de la Reina en Versalles (el más antiguo precedente de parque temático a la
Disneyland que servidor de ustedes conozca ...) . Quedan para los menos
pudientes, las telas y papeles pintados de Jouy, con sus escenas campestres,
que hoy en día todavía se siguen editando. El primer romanticismo recogerá a su
manera -tal vez algo más atormentada- este mismo amor por la Naturaleza, con
los escritos de Madame de Staël, los cuadros de Caspar Friedrich o la Sinfonía
nº6 llamada Pastoral, de Beethoven.
L…
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