Aunque nuestro editor, Xoán M. Carreira, siempre insiste en que una ópera es teatro musical y no una partitura, hay ocasiones en que una representación como esta, en "versión de concierto semiescenificada" (debo decir que muy poco escenificada), resulta más satisfactoria porque permite centrarse mucho mejor en el desarrollo de la historia, sobre todo cuando es tan complicada y 'patética' (en el sentido eslavo del término, llena de pathos) como la de Tristan und Isolde.
Unos elementos escénicos mínimos -poco más que un gran cajón o tarima negra- que servían para cualquier cosa y unos cantantes que se mueven en escena ensayados fueron suficientes para dar una sensación de realidad que deja suficiente espacio a la imaginación del público para 'inventar' todo lo que falta. Y este esfuerzo de concentración contribuye en realidad al disfrute de…
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