Excepcional concierto el que constituyó la clausura del siempre interesante Festival Ibérico de Música de Badajoz y que supuso que la organización se apuntara un buen tanto. La Orquesta Nacional de España tocó con motivación absoluta, y el director, Jaime Martín, demostró cómo se puede trabajar minuciosamente un programa para evitar puntos muertos o pilotos automáticos.
Aparte, cabe mencionar el descubrimiento de la estupenda pianista portuguesa afincada en Madrid Marta Menezes, cuya versión de la Rapsodia portuguesa se caracterizó por fraseo sobrio, preciso y delicado, desde una redondez de sonido que jamás careció de dirección o sentido. Una labor muy seria y sin concesiones a la galería, para degustadores de eso que normalmente se conoce como musicalidad. Regaló además una extensa propina, la Cantiga d’amor, de José Vianna da Motta,…
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