El Festival de
Aix-en-Provence tiene una larguísima tradición mozartiana, que comienza con el
propio nacimiento de la cita veraniega en los años posteriores a la Segunda
Guerra Mundial. De hecho, la edición de este año es la número 75 y, como decía,
Mozart siempre ha sido una seña de identidad en la cita provenzal. Para esta
señalada ocasión, se ha encargado a Dmitri Tcherniakov una nueva producción de Così fan tutte, y lo menos grueso que
soy capaz de decir de ella es que el destrozo es de tal magnitud que, pese a
ser Così una de mis óperas
preferidas, si no mi absoluta favorita, hubiera preferido no ver ni escuchar lo
que ayer vi y escuché en el Théâtre de l'Archevêché.
Comencemos,
inevitablemente, por la parte visual, ya que la estrella de la función era Tcherniakov.
Al director ruso se le ama o se le odia, incluso me atrevería a dar…
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