Así habló Zaratustra. Mahler
denomina el cuarto movimiento de su tercera sinfonía “lo que me contó la
noche”, e incluye dos estrofas del lied de medianoche de la obra de Nietzche cantadas
por una contralto. El texto nos pide que despertemos para contemplar un dolor
universal tan profundo como la noche más oscura. Pero más profundo es el júbilo
de la eternidad, nos anticipa la cantante, no sé si con demasiada convicción,
porque eso de la eternidad como consuelo es algo siempre relativo. A menos que
sigamos la programación de esta mega-sinfonía y nos entreguemos al panteísmo de
una naturaleza que … sí, …. es lo único que pareciéramos poder percibir como
algo eterno y jubiloso.
El inicio de la sinfonía anticipa esta antítesis de dolor y júbilo: después
de la afirmativa convocatoria de las ocho trompas que abre la obra, la
orquesta anticipa…
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