Salvando a Fogliani, garantía en
la batuta de las últimas Lucías, ni el apuntador se repite en esta producción
de Lucia di Lammermoor respecto a aquella que presencié en 2019 en la que se
apostó por un Javier Camarena en el papel de Edgardo. Ya entonces fue una
vuelta de tuerca respecto a la premiere de Damrau y la batuta de Petrenko
y, como era de esperar, la Staatsoper, con sus herramientas en mano, sigue
girando la llave y ahogando una puesta en escena que se sustentó fundamentalmente
gracias a su reparto vocal.
No vamos a insistir en la
distorsionadora lectura de Barbara Wysocka, y para ello me remito al texto de
2019, pues este breve paso del tiempo no ha cambiado en nada mi visión al
respecto y me siguen asaltando las contradicciones en las que cae respecto al (ya
pobre) libreto di Cammarano.
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