Hace siete años había escrito una reseña de este mismo
espectáculo que, vaya uno a saber por qué, no encuentro. De modo que vamos de
nuevo con esta obra maestra, el punto final de una tradición cómica que se
transformaba con un viejo libreto en el que la intervención del autor exasperó
al pobre Ruffini y donde los ‘tipos’, sin dejar de serlo, cobran vida nueva. Se
entiende que aunque se siguieran escribiendo otros títulos no sería hasta el Falstaff verdiano cuando tendríamos una
mirada nueva sobre lo ‘cómico’.
En aquel momento los puntales de la obra habían sido un
cuarteto de buenos cantantes, la dirección de Riccardo Chailly y el nuevo
espectáculo de Livermore. Que hoy sigue vigente y satisfaciendo a conservadores
e innovadores y sobre todo al público. Esa madre omnipresente (homenaje a la
gran característica Tina Pica) y en general la…
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